sábado, 20 de junio de 2015

"Sola"

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En el profundo bullicio de la ciudad, él caminaba con la mirada fija en nada.
Los demás le abrían paso casi sin mirarlo. Sentían su presencia, ignorándolo.
Nunca se le oyó hablar, ni reir y menos gritar. Tampoco lo vieron llorar.
Era un hombre sin tiempo. Sin edad.
Nunca intentaron imaginar qué motivaba su eterno andar, cuántas palabras callaba, cuántas risas había olvidado y cuántos gritos mudos salieron de su alma. Sus lágrimas ya estaban secas.
Yo sabía su historia.
La conoció cuatro años antes, justo en el momento en que terminaba una complicada historia. Ella le dio la comprensión necesaria para enamorarlo.
Él sentía que había encontrado su destino final.
Cristina tenía una mirada atenta y clara que acompañaba su gesto amable y tranquilo al hablar. Caminaba siempre con pausa y a ritmo lento. Nada la hacía sobresalir entre otras mujeres. Ni su cuerpo, muy delgado y falto de curvas. Nunca hablaba de su familia. Parecía estar sola en el mundo.
Horacio, en cambio era un ser que iluminaba su entorno. Mirada brillante y activa. Al hablar, lo hacía vivamente y acompañaba todas sus expresiones con movimientos de sus manos que eran suaves y frescas. Era imposible ignorar su presencia. Elegante, correcto, amable. Podía prever su presencia sólo por el aroma de su piel.

- Hacer un viaje es una buena idea. Necesito alejarme de todo por unos días y pensar - mientras caminaba de un lado al otro de la sala con una de sus manos en la frente.

Todo estuvo organizado en pocos días. Ella propuso un destino y él, un recorrido.
La mujer se mantenía relajada a pesar de saber que algo pasaba por su cabeza. Nunca había dejado su trabajo. Ni siquiera le gustaba mucho manejar.

El paisaje era montañoso. Los caminos zigzagueaban recortando el paisaje.
Túnel, curva, contracurva, ruta. Otro túnel, otra curva y el auto golpea con algún animal y deja el camino. Se desliza levemente por el aire rebotando en la ladera pedregosa. Golpes, humo, ruido y silencio.

Varios meses después comenzaron sus apariciones.
Dicen que su culpa no deja que descanse en paz. Dicen que él debió morir con ella, si es que no lo hizo.
Yo sabía su historia.
Cuando nos vimos esa noche y me anunció su viaje, me parecía una buena idea. Pensé en las diferentes maneras en que él podría decirle que la dejaba, que volvía conmigo. En la reacción de ella, resignada. Esperaba su regreso, ansiosa.
Imaginaba mi nueva vida junto a Horacio. Nuestras conversaciones. Planes de futuro. Momentos compartidos.
Me olvidé de ella. No fue como esperaba.
Sus almas murieron juntas.

Carmen Cerminara

Finalista en la sección narrativa/cuento del I Certamen Mundial Excelencia Literaria MP Literary Edition, 2015.

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