domingo, 21 de enero de 2018

Libertad


Libertad

Tonto entró al local con un andar desordenado y un papel en su mano derecha.
Un trozo de hoja rayada un tanto arrugado con algunas letras escritas en mayúscula de imprenta con lapicera azul.
La puerta se golpeó al cerrar y quedó inmóvil esperando alguna señal o palabra.
Lo miró fijo y ambos parecían comunicarse. Tonto caminó unos pasos hasta el mostrador sin desviar la mirada y estiró su mano entregando el mensaje.
Él, con gesto amigable, lo observó unos segundos y estirando su mano, recibió la nota.
La apoyó sobre una mesa y con sus manos trató de plancharla sin romper.
Acomodó sus anteojos y enfocó la mirada en la nota.
Sus ojos no podían abrirse más. Releían. Ahora buscaban a Tonto que ya no estaba en el lugar.
Se puso un saco, cerró el local y fue en su búsqueda.
Desde la puerta observó a su alrededor. No podía estar lejos. Con su mano derecha mantenía apretado el papel en el bolsillo de su pantalón.
Caminó casi sin rumbo por varios minutos. Volvió a su auto. Seleccionó mentalmente el recorrido.
Al fin, mareado, se dirigió a su casa.
Entró y deseó verlo como siempre en el sillón, con sus movimientos pendulares continuos, la boca abierta haciendo algún sonido desconocido, sucio y desorientado.
No pudo soportar la soledad del hogar.
Se sentó en el umbral y esperó su regreso, moviendo la cabeza de un lado a otro, resignado.
El sonido de la sirena policial lo despertó cuando aún el sol no había salido.
Confirmaron su nombre. Lo tomaron de uno de sus brazos ayudándolo a incorporarse.
En silencio subió al móvil, resignado.
Los ojos sobresaltados leían el cartel que anunciaba “Morgue Policial”.
Asintió con la cabeza al ver al muerto.
- Es él.
En su mano húmeda, aún sostenía la nota: “TE DEJO LIBRE”.


En "Derribando muros", Tahiel ediciones, 2017

Amor fraterno


Amor fraterno

Un ruido se encaramó por la escalera desde el piso inferior interrumpiendo la lectura. Un golpe suave se oyó desde la cocina.
Él se desliza hasta la puerta, la abre lentamente y desciende.
La sombra del extraño revisa algún cajón del mueble.
Calcula la altura y el peso. Es incapaz de reaccionar con violencia. Se estremece.
Desde la penumbra, una mirada lo cruza. La siente arder en su cara. Cierra sus ojos con fuerza. Su cuerpo avanza rápido y lo alcanza.
Uno sobre el otro. Las manos apretando su garganta. Siente el crujir de la tráquea. La saliva espumosa lubricando su rostro. Manos y pies, brazos y piernas con movimientos convulsivos que no logran liberarlo.
De a poco, el cuerpo se entrega y se relaja en el suelo. Tieso. Sin respiración.
Se dirige a la habitación. Observa sus manos que luego se enroscan sobre su cabeza. Cae.
La claridad lo despierta.
-       Buen día - dice la mujer - Tu hermano volvió anoche.
Corre hacia la cocina. La luz del día deja ver el cadáver lívido. Lo reconoce.
La sombra del muerto se desliza hacia él. Lo toma del cuello y aprieta fuertemente su cuello. Lo asfixia.

Ella los encuentra. Muerto sobre muerto.

En "Claroscuro", Ser seres ediciones, 2017