Suena el timbre. Me despierta. Salto de la cama. ¿Quién podrá ser a esta hora?. No tengo idea. Tanteo con mis pies las pantuflas. Muchos intentos fallidos pero finalmente cada uno de ellos ingresa a su calzado. Acomodo mi ropa. Siento frío. Mis manos buscan a oscuras algún abrigo. Me pongo un saco que abrocho saltándome un ojal. No importa. Trato de encontrar una tecla de luz para que ilumine la escalera. Comienzo a bajar. Un escalón. Abro un ojo. Otro escalón. Abro el otro. Ya llego. Enciendo una lámpara. Se nota que todavía es de madrugada, el sol no ilumina. Busco la llave en el cuenco de madera. Parada sobre el felpudo, espío por la mirilla para descifrar quién tiene la genial idea de interrumpir mi sueño.
Una silueta indescifrable se encontraba inmóvil parada frente a mi puerta. Como en una película americana imaginé un vecino asesino que quería apoderarse de mi casa. Podría ser un violador o un ladrón buscando lo poco que tengo.
Un viento frío recorre mi espalda y recordé que la puerta de atrás estaba abierta. Cruzo el comedor de puntas de pie. Me asomo sin hacer ruido y comienzo mi caminata hacia el frente por el jardín. Sólo quiero observar. Y allí está, un hombre de unos treinta años de corta talla. Campera negra con capucha. Pantalones deportivos negros. Zapatillas blancas. Parece que su cara está casi tapada por una bufanda también negra. Sus manos en los bolsillos, pero puedo notar un bulto parecido a una cuchilla y casi el mango de madera. Se ve que había estado un largo rato antes de tocar, ya que había varios restos de cigarrillos en el camino. Se siente el olor a pucho.
Una sensación de vulnerabilidad se apodera de mi. Mis manos tiemblan y mi cuerpo casi percibe el dolor previo a la muerte. Siento escaso el aire. Algunos hechos de mi vida vuelven a mi memoria. Un fugaz listado de cosas pendientes recorre mis pensamientos.
¿Qué hacer entonces para evitar el fatal desenlace?.
Respiro profundo y pienso que si alguno de los dos tiene que sobrevivir , debo ser yo, sin lugar a dudas.
Ahora lentamente camino hacia el sujeto. Ningún sonido delata mi presencia en el lugar. Ahí, en el suelo, una soga. La tomo entre mis manos con firmeza. No lo sospecha, pero ahora él es mi víctima.
De un solo movimiento la enrosco en su cuello y tiro de ella tan fuerte como puedo. Caí de espaldas con el tipo encima que gemía mientras hacía fuerza con sus manos ya fuera de los bolsillos, para zafarse. Patalea contra el pasto del jardín. Nadie puede oírlo, todos duermen. Fueron apenas unos minutos. Su cuerpo desvanecido es muy pesado sobre el mío, pero logro echarlo hacia un costado. Miro su cara y espero a ver si respira. Nada se mueve. Lo maté. Yo estoy viva.
Suena la alarma de mi celular. Es un lunes de invierno, todavía está oscuro. Comienza otra semana. Alguien toca el timbre. ¿Quién podrá ser a esta hora?. Busco mis pantuflas, me abrigo, prendo una lámpara y desciendo la escalera. Busco la llave en el cuenco de madera. Miro por la mirilla y ahí estaba , con un ramo de rosas para acompañarme a mi nuevo trabajo. Mi primer día luego del ascenso.
- ¡ Buen día mi amor !
Carmen Cerminara
Mención Especial en el Concurso Internacional de Cuentos "Mario Nestoroff" en San Bernardo, Chaco, 2014.
Increíbles y maravillosos cuentos que mantienen al lector atrapado hasta el final!
ResponderEliminarFelicitaciones y quiero leer más!!!
Roberto