1
Desde la esquina espero verla.
Los viernes nunca falta. Suele llegar a las 21. Preparada y perfumada para su clase de tango. Y luego, la práctica.
Con las curvas suficientes para seducir a su edad, camina a ritmo rápido taconeando en la vereda. Su cabello casi rubio cae sobre los hombros en forma prolija y pareja. Lleva su figura adornada con la pollera siempre oscura que acompaña con algo de color en la parte superior. Modestamente maquillada y ornamentada.
Estaciona su auto en la esquina. Coloca la cartera en uno de sus hombros, acomoda su saco y comienza la noche.
Avanza pasando frente a mí y queda la huella de su aroma, dulce y persistente.
A la pista.
- ¿Bailamos? - y extiendo mi mano, invitándola.
- Si - la toma y se dirige a la pista caminando por delante, casi permitiendo que los cuerpos se rocen.
Bailar con ella es el mejor de mis placeres desde hace ya cinco años.
Esperamos los primeros acordes, reconocemos el tema. Ubica su brazo izquierdo sobre mi hombro y con su mano derecha presiona la mía para comenzar a bailar. La energía se transmite desde mi cuerpo hacia el de ella. Nos acercamos.
No sabe que cada viernes es para mí el mejor día de la semana. Que me arreglo pensando en ella. Que uso el mejor de mis perfumes para que quede en su recuerdo. Que hoy me puse la camisa que alguna vez le gustó.
- Gracias - y abandona la pista.
- Bailamos de nuevo más tarde - afirmo, deseando recibir una confirmación que nunca llega, mientras la veo alejarse.
No sabe todo lo que siento cuando la veo bailar con otro, charlar con otro, tomar algo con otro, reir con otro. Una sensación de calor me recorre y se difunde por todo mi cuerpo. Quedo solo y paralizado sin oir la música ni el bullicio.
A veces prefiero no seguirla con la mirada en cada uno de sus movimientos y la dejo libre con su seducción y su encanto, fascinando.
2
Al fin es viernes. Me hizo bien descansar un poco. Hoy: clase de tango. Ya me peiné. Me puse una pollera negra con una remera roja. Un poco de rubor y algo de lápiz labial muy natural. Los aros plateados y pequeños. Un poco de perfume desparramado por todo mi cuerpo. Ahora el saco y la cartera. A las 21 comienza. Me voy.
A la pista.
- ¿Bailamos? - y extiende su mano, invitándome.
- Si - la tomo y me dirijo a la pista caminando por delante, sin poder evitarlo nuestros cuerpos se rozan.
No soporto el olor a colonia barata. En general, no suelo bailar con gente muy añosa, pero en este caso, es un buen bailarín. Hace que me luzca en la pista. Sólo algunos tangos y me libero.
3
En la esquina espero para verla partir. Como siempre lleva el peso cansado en sus tacos. Antes de subir al auto, pone el saco en el asiento del acompañante, deja la cartera sobre él. Se acomoda buscando la comodidad necesaria para arrancar. Y se marcha.
La despido en silencio.
4
- Esa noche ella bailó muy bien con un chico más joven. Se la veía animada, sonriente. No se despegaron nunca. Como a las once se fueron juntos y agarrados de la mano. Eso es todo lo que puedo decirles - cuenta una joven.
5
Todos los viernes me quedo esperando en la esquina aunque sé que nunca volverá.
Aquella fue su última noche de tango.
La vi tan feliz junto a ese hombre.
Tomados de la mano. Besándose al caminar. Me imaginé hacia dónde se dirigían, lo que harían sus manos, sus bocas y sus cuerpos.
Enfurecido, subí a mi auto y los seguí. Se notaba distraída, andaba despacio y casi zigzagueaba.
Con el semáforo en rojo, pude ver la silueta de dos amantes detenidos en el tiempo, erotizándose.
Mi cuerpo reaccionó casi autómata. Cambio y acelerador. Retrocedí y aceleré varias veces comprimiendo el auto contra un paredón. El sonido de la bocina me alteró y me detuve.
Bajé y ahí estaban.
Aplastados.
En el aire aún quedaba la huella de su aroma, dulce y persistente.
Carmen Cerminara
En: La Venganza, Editorial Dunken, septiembre 2015

Me sorprendes cada vez que leo tus narraciones........nunca adivino el final.........eso es lo bueno...fantastico, que mas puedo decir,segui adelante hija...
ResponderEliminarPor las dudas voy a bailar sabado!!! Excelente descripcion!!! vamos por el proximo!!!
ResponderEliminarHermoso Cuento!! Final impredecible!! El tango y sus bailarines tienen esas cosas!!
ResponderEliminarAbrazos siempre
Roberto